Ballenas Jorobadas (Megáptera novaeangliae)
Ecoturismo en acción: Observación de ballenas jorobadas en Puerto López, Ecuador
En los últimos años el ecoturismo se ha convertido en una de las fuerzas más dinámicas del turismo mundial. Antiguos cazadores y pescadores comprenden cada vez con mayor claridad que mostrar a los turistas las riquezas naturales de su tierra resulta mucho más interesante y rentable que seguir diezmando poblaciones de animales silvestres ya amenazadas. Esta transformación es especialmente evidente en el caso de las ballenas, los animales más grandes que habitan el planeta.
Si hace apenas medio siglo la única forma de obtener beneficios de las ballenas era matarlas para aprovechar su carne, las barbas y la grasa, hoy incluso los antiguos balleneros más activos se han reconvertido en defensores de estos gigantes. El motivo es simple: la demanda de paquetes turísticos de observación de ballenas supera con creces la de cualquier producto ballenero, y los ecotours marítimos generan en todo el mundo más de 100 mil millones de dólares anuales. Una cifra que la caza jamás podría igualar.
Uno de los protagonistas más importantes de este ecoturismo ballenero es la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae). Sus características biológicas la convierten en una especie ideal para la observación, y su amplia distribución permite a las agencias de viajes organizar viajes marítimos en casi todos los océanos. Pero lo más importante es que la ballena jorobada es, sin duda, una de las más espectaculares y accesibles para el turista.
En Puerto López, en la provincia de Manabí, Ecuador, este fenómeno alcanza su máxima expresión. Cada año, entre mediados de junio y finales de septiembre (con mayor intensidad en julio y agosto), alrededor de 6.000 ballenas jorobadas completan una migración de más de 7.500 millas desde las gélidas aguas de la Antártida hasta las cálidas costas del Parque Nacional Machalilla. Aquí, frente a Isla de la Plata, Isla Salango y las playas de Puerto López, se reproducen, dan a luz y amamantan a sus crías, ofreciendo a los visitantes uno de los espectáculos naturales más emocionantes del Pacífico Sur.








